Maestros: ¿Feliz día?...

Si los maestros no están bien,
la educación no puede estarlo.

Maestros: ¿Feliz día?...

Maestro,

A Juan Bautista de la Salle, teólogo y pedagogo de mediados del siglo XVII, le debemos que exista en la actualidad un horario de clase definido, un ordenamiento por grupos de nivel y también lo que conocemos hoy como escuela secundaria.

Este creativo sacerdote encontró una nueva forma de vida religiosa en la educación, se dedicó a formar niños y jóvenes abandonados que pululaban por las calles de Europa, en una época de pleno poder eclesiástico en la que de todos modos no le fue fácil tomar la decisión de fundar una especie de comunidad de educadores que se conoció como los Hermanos de las Escuelas Cristianas. Por este francés nacido en Reims, proclamado patrono de los educadores por el papa Pío XII, los colombianos celebramos el Día del Maestro cada 15 de mayo, desde 1950.

Pero no es como para celebrar. En Colombia los maestros no están bien. Todos los años acompañamos sus marchas y paros con cierta indolencia, acostumbrados como estamos, a las quejas por los bajos salarios y las pocas garantías laborales. Este año se suman temas de seguridad y la prestación del servicio de salud al Magisterio. Los conflictos del sector tienden a aumentar mientras no se dé cumplimiento a los acuerdos firmados con el gobierno nacional el año pasado. Según Nelson Alarcón, presidente de la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación (FECODE), hasta el momento se ha cumplido el 20% de tales acuerdos.

El salario medio de los docentes en Colombia es aproximadamente de $1’129.491. Esta oferta laboral en los motores de búsqueda se aproxima a un sueldo mínimo y algunos de ellos, incluso, se atreven a exigir experiencia y especialización. No obstante, el Ministerio de Educación tiene dos modalidades salariales: el 46,19% de los educadores oficiales están bajo el Estatuto 2277 de 1979, actualizado con el decreto 317 de 2018, y su salario depende de la experiencia y formación, es decir, del escalafón; el salario máximo al que puede aspirar un docente en ese régimen es menos de cuatro millones de pesos, sin importar los años que lleve ejerciendo. Y quienes están bajo el Estatuto 1278 de 2002, actualizado con el decreto 316 de 2018, su salario depende de los estudios y de unas evaluaciones que podrían incrementar el salario a siete millones de pesos, si tiene maestría o doctorado, lo cual es una proeza.

Y si los maestros no están bien, la educación no puede estarlo. La calidad de la educación es uno de los factores más preocupantes. Según cifras de Planeación Nacional y el Ministerio de Educación, cerca del 86% de los planteles educativos no logran niveles satisfactorios y están por debajo de las categorías A+ y A en las pruebas Saber 11. Ni hablar de las brechas de ruralidad en términos de calidad y cobertura, cuando la tasa de deserción es de más del 50%.

Parece mentira que un país como Colombia, que ordenó en 1870 que la educación primaria pública fuese gratuita, obligatoria y laica, tenga hoy uno de los indicadores más bajos de la región con un promedio de 7,3 años de escolaridad, significa que un porcentaje de niños y jóvenes estarán en riesgo de vivir en la pobreza, si como lo plantean todos los pronósticos de desarrollo, la educación es el mayor ecualizador social. En ese contexto, es difícil imaginar una labor tan noble y sacrificada sin una dosis muy alta de mística y consagración.

Comentarios
Maestros: ¿Feliz día?...
You are using Opennemas CMS
TRY IT NOW