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Bogotá: entre la tala “indiscriminada” de árboles y la contaminación

Diego Camilo Carranza. www.aa.com.tr | 15 de abril de 2019

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Colectivos ciudadanos han radicado 75 acciones en contra del alcalde Enrique Peñalosa, que en su gobierno ya ha autorizado 38.045 talas.

Mientras en otras ciudades del mundo se realizan acciones de mitigación y adaptación al cambio climático, Bogotá retrocede. Al menos eso opinan críticos del alcalde bogotano Enrique Peñalosa, como los concejales María Fernanda Rojas y Manuel Sarmiento, quienes indican que el mandatario tiene una visión meramente “estética y utilitarista de la biodiversidad”.

Aunque el debate es de vieja data, cobró relevancia el 17 enero, cuando en el parque El Japón, en el norte de la ciudad, la Alcaldía envió a la Policía y a miembros del Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD), para retirar a la fuerza a ciudadanos que pretendían impedir la tala de 6 árboles y el traslado de otros 3.

Y la escena se repitió este lunes 18 de febrero en el Parque Pío XI de la localidad de Kennedy. Hubo choques entre ciudadanos que se oponían a la tala de entre 30 y 40 árboles y la Policía. Seis personas fueron capturadas y otras cuatro resultaron heridas. Justamente, esta es una zona que está en alerta naranja decretada por el gobierno local, por la alta contaminación del aire.

Pero estos no son los únicos puntos en los que el Distrito tiene planeado talar árboles para realizar diferentes obras, como construir canchas sintéticas o senderos. También están el parque Ciudad de Bogotá (en Normandía), el parque J.J. Vargas (en Salitre), el humedal Córdoba (en Suba) y el embalse de San Rafael, entre muchos otros.

En total son 25 puntos de la ciudad en los que se han organizado movimientos en contra del alcalde Peñalosa por este tema, radicando un total de 75 acciones ante la Procuraduría General de la Nación, la Personería y la Contraloría, así confirmó Herman Martínez, exdirector del Jardín Botánico de Bogotá (JBB) entre 2008 y 2010, al afirmar que Peñalosa tiene un modelo de “ciudad sintética”, que supone 12 millones de habitantes y la construcción de 1’500.000 apartamentos adicionales, es decir, “negocios para los constructores”. “Ellos tienden a ese modelo de ciudad, por eso los árboles y los ecosistemas les estorban”, agregó.

A casi un año de finalizar esta administración, ya se superó el número total de árboles talados durante el gobierno anterior. En el actual gobierno se registran hasta ahora 14.074 talas, superando las 14.189 de la Bogotá Humana de Gustavo Petro, que –incluso- recibió un saldo pendiente del gobierno antecesor.

 

Los argumentos del Distrito

 Yamid Saldaña, vocero del JBB, explicó que para poder autorizar una tala, la norma distrital establece desde afectaciones físicas o de desarrollo del árbol, como mal anclaje al suelo, malformaciones, crecimiento deficiente o exposición de raíces, entre otras, hasta causas sanitarias, como enfermedades, hongos, pudriciones internas del tronco u otros daños que no son perceptibles a simple vista y que requieren estudios con equipos especializados, como tomógrafos. "Cuando el daño en el árbol es irrecuperable, es cuando se conceptúa para tala”, detalló.

Pero además, la ley establece que es permitido talar por concepto de desarrollo e infraestructura, una vía, un colegio, canchas sintéticas, gimnasios, entre otros. Y he aquí el debate: mientras los ciudadanos exigen su derecho a tener parques con árboles y zonas verdes para recreación pasiva (con pasos peatonales, bancas y espacio para correr o descansar), el gobierno local apuesta por espacios con múltiples equipamientos que sean visitados masivamente, así algunos “vecinos no estén de acuerdo”, como los del parque El Japón.

Otra de las razones del Distrito es que muchos árboles están en riesgo y que podrían caerse, afectando a la comunidad. Pero, según Martínez, “los datos históricos demuestran que en Bogotá, cada diez años, muere una persona por la caída de un árbol o se presentan cinco o seis casos de ciudadanos con alguna lesión”. Además, recalca que cuando un árbol está a punto de caerse, hay señales claras que permiten evitar accidentes.

Los motivos del alcalde no convencen a la ciudadanía, organizaciones civiles, ambientalistas y concejales. Y las cifras tampoco. Según confirmó la Secretaría de Ambiente (SDA), ha autorizado 38.045 talas en el actual gobierno y asegura que como compensación, se han plantado más de 218 mil árboles. Pero la concejal Rojas rectifica y afirma que solo ha plantado 21.625 árboles en espacio público, pues los demás pertenecen a predios privados y replantes, es decir, árboles que murieron y tuvieron que ser plantados nuevamente.

Además, hay otra inconsistencia, pues en sesión del Concejo de Bogotá del 28 de enero, Peñalosa dijo que se han plantado más de 276 mil árboles. Por esta “información engañosa” y en general por las polémicas talas en la ciudad, el movimiento La Marcha de los Árboles radicó tres peticiones ante el procurador general, para que se investigue al alcalde y otros altos funcionarios.

Martínez puntualiza que el arbolado de Bogotá tiene un promedio de 30 años, frente a los más de 150 años de vida de un árbol, y desestimó argumentos del Distrito de que el arbolado capitalino está enfermo, un concepto que a su juicio se toma “sin ningún sustento técnico y real”. Justamente, los vecinos del parque Ciudad de Bogotá, donde la Alcaldía planea talar 56 árboles, muchos supuestamente enfermos, denunciaron que allí no ha habido ningún estudio técnico, sino que se ha hecho “a ojímetro” y que nunca han visto un equipo especializado para ello.

 

Sin concertación con la ciudadanía

La comunidad y expertos le piden al alcalde que incorpore los árboles en buen estado en las futuras obras o que los trasladen, pero lo que dice el Distrito es que es más barato talar un árbol que moverlo. María Fernanda Rojas asegura que talar un árbol le cuesta a la ciudad $500.000 y que de ejecutarse todas las talas aprobadas hasta ahora, “la administración Peñalosa se gastará más de $17.300 millones derribando árboles”.

El concejal Sarmiento también dijo que el gobierno capitalino está realizando estas talas para obras que no son indispensables, como la construcción de canchas sintéticas en parques como El Japón y el de Normandía, “donde la gente ni siquiera los quiere”. Por lo anterior, adelanta una investigación, puesto que hay contratos que superan los $50.000 millones, lo que implica “un negocio” para quienes ejecutas estas obras. El cabildante aclara que en Bogotá sí se pueden talar árboles pero cuando estén definitivamente enfermos o haya obras indispensables, pero advierte que el alcalde ha venido modificando normas para “introducir un elemento para la tala de árboles: el criterio paisajístico, o sea, los árboles que no le gusten en determinada parte de la ciudad, los tala”. Además, “Peñalosa desconoce la participación ciudadana y va imponiendo su criterio”, subrayó.

Finalmente, dijo que para cumplir estándares internacionales, la capital colombiana tendría que sembrar un millón de árboles adicionales y declaró que “talar un árbol en buen estado es casi que un crimen”. Sarmiento califica al burgomaestre bogotano como un “depredador de la naturaleza, que no tiene en cuenta criterios específicos como adaptación y mitigación al cambio climático, con su política de talas indiscriminadas”.

 

Una ciudad con déficit de árboles por habitante

Datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que para respirar un mejor aire en las ciudades y garantizar la calidad de vida de la ciudadanía, se necesita, al menos, un árbol por cada tres habitantes. Para el caso de Bogotá, según información de la SDA, la ciudad cuenta con 0,17 árboles por habitante, “donde, guardando la misma relación de la OMS, tenemos 1 árbol por seis personas”, es decir, confirman que la capital cuenta con un déficit de árboles.

Pero hay partes de la ciudad en los que la situación es más crítica, como la zona suroccidental. Martínez detalló que en localidades como Bosa, Kennedy y Tunjuelito (tres de las cuatro en que recientemente se decretó alerta naranja por la mala calidad del aire), la relación es mucho menor. En Bosa hay un árbol por cada 30 habitantes, en Kennedy hay uno por cada 18 y en Tunjuelito hay uno por cada 21 ciudadanos.

Por ello la preocupación, pues un árbol grande ayuda a regular la dinámica del aire al liberar oxígeno y absorber grandes cantidades de CO2 y otros gases contaminantes que no pueden hacer en igual medida árboles recién plantados, como afirman especialistas.

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