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Valledupar: Al vaivén del Río Guatapurí

Jairo Antonio Rojas Garzón |

Periódico Nueva Ciudad | 14 de enero de 2020

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El Rio Guatapurí nace en la laguna Curigua a 4.400 msnm, en la Sierra Nevada de Santa Marta. En medio de montañas, nieves perpetuas y páramos, avanza creciente su caudal. No es un río extenso, tan solo recorre 85 kilómetros desde su nacimiento hasta su desembocadura en el río Cesar, con el que mezcla sus aguas y juntas van a dar a la Ciénaga de la Zapatosa, en el sur del departamento. Finalmente, estas aguas llegan al gran río Magdalena, gigante que atraviesa Colombia de sur a norte y entrega sus aguas al mar Caribe.

Sin embargo, el Guatapurí es conocido nacional e internacionalmente por pasar junto a Valledupar, capital vallenata del Caribe colombiano y ser el escenario que ha inspirado a compositores/as e intérpretes. “Te creciste como el río Guatapurí, porque sabes que yo me muero por ti,… estás engañada mama, si piensas que mi alma, todo el tiempo va a vivir detrás de ti”, canta Jorge Oñate en Se te fueron las luces, una de esas canciones sabrosas para bailar y cantar, pero que reproduce el machismo estructural de las canciones vallenatas.

Hay otras composiciones como Amor Sensible de Fredy Molina, que se popularizó en la voz de Carlos Vives: “Es un amor profundo, limpio como se ve la nevada; de misterio está lleno el mundo, no sé, qué sentirá tu alma (…). Será sensible como el silencio que domina la montaña (…). Fredy Molina te quiere, eres mi duda esperanza, cuando el Guatapurí se crece, al sentir mi pasión se calma”.

De la Sierra viene un río limpio y se está conservando, históricamente ha habido deforestación para ganadería y maderables, pero eso ha venido cambiando. La relación que tienen los pueblos originarios de la Sierra Nevada de Santa Marta con su territorio es una garantía para su conservación.

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Con el fin de construir un Plan de Ordenación y Manejo de la Cuenca Hidrográfica (POMCA) del río Guatapurí, con visión de ordenamiento ancestral de los cuatro pueblos originarios de la Sierra Nevada, el pasado mes de junio de 2019 se firmó un acta de acuerdos entre la Corporación Regional Autónoma Corpocesar y el Consejo Territorial de Cabildos indígenas (CTC). Allí se consignan 5 puntos revestidos por la normatividad y jurisprudencia en materia de consulta previa, todos orientados a la protección de la Sierra Nevada y los derechos sociales, culturales y ambientales de comunidades y territorios.

El ingreso del Río Guatapurí al casco urbano de Valledupar inicia en el emblemático balneario Hurtado, infaltable estación para visitantes y zona de recreo y trabajo para los locales.  La escultura de una sirena dorada descansa sobre unas rocas a la orilla del río. Cuenta la historia que en el tradicional Valledupar de los años 50s, Rosario, una niña de unos 14 años, escapó a la prohibición de los viernes santos para ir al río y su castigo fue convertirse en sirena:

Rosario se sumergió en el agua, se zambulló junto con su novio y después él salió rápido. Tras de él, cuando la niña quiso salir ya no podía porque sintió algo pesado en la cadera que se lo impedía (…). Intentaron con la bendición de un sacerdote que se pudiera revertir lo que le había pasado a la joven, pero fue imposible y el peso de la larga cola le impedía salir del río, como recuerda Ariza que cuenta este mito”.

Una vez atravesado Hurtado, el río pasa junto a la Dairy Partners Americas (DPA), industria de lácteos que para su funcionamiento tomaba mucha agua del Guatapurí, afectando así su caudal, sin embargo, ésta implementó dos plantas de tratamiento de sus aguas residuales, logrando reutilizar buena parte de ellas y mitigando así mismo parte de la afectación.

El río sigue por lo que se ha llamado parque lineal y que en realidad es apenas el inicio de un megaproyecto inmobiliario y de infraestructura para servicios urbanos que pretende construir un malecón turístico diseñado a lo largo de la margen derecha del río.

Sin embargo, en estos territorios hay barrios enteros construidos de manera informal desde hace aproximadamente 40 años y poblados a lo largo tiempo por personas desplazadas por la violencia, migrantes económicos o simplemente pobres sin vivienda ni modo de comprar o arrendar una. Miles de familias que viven en condiciones precarias, muchas veces insalubres, sin oferta laboral ni educativa, con violencia intrafamiliar, micro-tráfico de drogas, control territorial, exclusión social, económica y política de la población.

Estos planes de “recuperación de la margen derecha”, sin ofrecerle garantías sociales a la población, han llevado a un histórico fracaso del Estado por resolver el problema de vivienda digna y ofrecer oportunidades de surgir a las comunidades. Proyectos fallidos de reubicar familias en lugares alejados del centro y en pequeños apartamentos que no se ajustan a las necesidades básicas ni a los usos y costumbres de quienes allí viven. En diferentes ocasiones las autoridades han intentado desalojar por la fuerza a los habitantes, quienes con piedras y palos se han enfrentado a la fuerza pública y que han provocado pérdidas de vidas humanas.

Así mismo, el vertimiento de escombros y basuras al río sobre todo por parte de gente ajena a los barrios, que trae volquetas llenas y las desocupan a la orilla del río, es otra de las graves problemáticas que sufre el Guatapurí.

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Del lado izquierdo del río, en cambio, hay solo grandes haciendas arroceras y ganaderas, fincas que desvían el curso del río para regar sus cultivos con el beneplácito de las autoridades ambientales.

La administración municipal y las autoridades ambientales no han sido capaces de darle una mejor vida tanto al río como a las comunidades en torno a él. El proyecto del parque lineal no incluye a las comunidades, cuando el deber ser es que éstas hagan parte del cuidado y aprovechamiento económico que puede ofrecer el río. Inversión social, formación y capacitación para las comunidades, infraestructura turística y aprovechamiento comunitario, lograrían una nueva realidad para el río y la ciudad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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