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Villa De Leyva: Patrimonio Colonial y destino de los bogotanos

Antonio José Rojas Rico | 15 de abril de 2019

villa de leyva
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La arquitectura colonial, tan singular de las obras civiles y en la construcción de viviendas para la elite española, se realizó tanto con obra de mano indígena como esclava, conservándose a través del tiempo las grandes casonas de amplios corredores y los típicos tejados que terminaron caracterizando el estilo español, delineados en los trazos rectilíneos de los solares y conformando las calles estrechas y empedradas que hoy turistas nacionales y extranjeros recorren en las ciudades coloniales que parecen traer los tiempos de la Colonia al presente, como es el caso de la Villa de Leyva, destino turístico de los bogotanos y de todos los colombianos, por hacer parte del patrimonio cultural de la nación y en proceso de ser reconocido Patrimonio de la Humanidad.

La historia determina el momento cuando la anarquía y la violencia de los conquistadores pasa a ser controlada por una organización jurídico-administrativa, con el fin de crear las instituciones del Nuevo Reino de Granada, con una Real Audiencia que funciona desde Santa Fe de Bogotá y desde allí, su primer presidente, Andrés Días Venero de Leyva, escoge en el año 1572 su residencia de descanso en la zona de influencia de la sagrada laguna de Iguaque (territorio chibcha), quedando desde entonces delimitado por la élite española, tanto gubernamental como eclesiástica, entre ellos el cronista Juan de Castellanos, quienes construyeron los conventos, residencias y casonas que terminaron evocando una ciudad típicamente castellana con una gran plaza de 14.000 metros cuadrados, que hoy es considerada una de las más grandes del país.

Villa de Leyva está surcada por tres ríos que provienen de la zona lluviosa del páramo: Sutamarchán, Sáchica y Cane, que confluyen en el río Moniquirá. Dichas cuencas hidrográficas abastecieron en el pasado la vocación agrícola heredada de la población chibcha, que sumado a los recursos forestales, conforman la riqueza natural más importante del ecosistema biogeográfico de las comunidades indígenas, cuyo origen en los mitos y leyendas inicia en la laguna sagrada de Iguaque, de la que surge Bachué con un niño de la mano. Estos primeros habitantes descienden de las montañas hacia los valles para repoblar la tierra, después regresan nuevamente para desaparecer en la laguna, dejando el mandato de cuidar la tierra.

Esa profunda relación de la tierra con el cosmos de los pueblos nativos permitió a los primeros astrónomos indígenas determinar los diferentes ciclos de fertilidad, observando también la bóveda celeste. Así, construyeron un observatorio astronómico que orientó la actividad agrícola, marcando la caída perpendicular de los rayos solares en el día y la constelación de estrellas en la noche, para determinar las épocas aptas para los diferentes cultivos. Este santuario indígena situado en la vía a Sutamarchán, es un tesoro arqueológico que ha podido resistir a la indiferencia y al saqueo al que fue sometido desde su descubrimiento por los primeros españoles en su esfuerzo por borrar todos los conocimientos ancestrales e imponer los principios judeo-cristianos. Desde entonces, el lugar fue llamado el Infiernito, hoy en buena hora rescatado por la comunidad científica. Lo cierto es que esta relación privilegiada del territorio con el cosmos ha dado lugar al Festival Astronómico que se realiza anualmente en el mes de febrero, para contribuir al conocimiento de la astronomía que disfrutan tanto eruditos como aficionados.

Sumados a los atractivos de Villa de Leyva hay que resaltar los hallazgos paleontológicos de una región en la que abundan fósiles de diferentes dimensiones y características de inmenso valor científico, como puede observarse en el museo paleontológico ubicado en la vereda de Monquira.

Esta reseña es el patrimonio de la fusión de las culturas chibcha y colonial de un territorio habitado por nativos y españoles, en el que se produjo una amalgama cultural que hoy pervive y resume la historia colombiana. Allí se sucedieron hechos históricos como el Primer Congreso de Colombia, sesionado por primera vez el 14 de Octubre de 1812, después del Grito de Independencia. Este evento histórico se denominó el Congreso de las Provincias Unidas de La Nueva Granada, conformado entonces por miembros ideológicamente diferentes en su concepción del estado, conmemorado en la casa museo que es monumento nacional en homenaje a este hecho que dio origen a nuestra nación, sede del consejo municipal.

Toda esta riqueza histórica, natural y cultural no se puede destruir, por el contrario, debe ser conservada y protegida en su categoría de patrimonio. Hoy todos los villaleyvanos, aquellos que han nacido en este territorio pero también quienes apreciamos nuestra herencia, debemos comprometernos con la defensa y protección de la historia y de la cultura de Villa de Leyva, que es de todos los colombianos, al impedir que el área urbana se expanda de manera desordenada y anárquica, destruyendo el ecosistema, acabando las fuentes de agua, aumentando la contaminación visual y auditiva, sobre todo porque se desborda la capacidad del municipio para prestar servicios y controlar los residuos y vertimientos que vienen a destruir el sagrado territorio de los chibchas y el emblemático territorio colonial, en detrimento del legado que compartimos visitantes y residentes.

La amenaza hoy es la inminente construcción de un megaproyecto de la Caja de Compensación Cafam, con un centro de recreación y veraneo que desbordaría aún más la capacidad de carga del municipio, desplazando la población nativa y foránea acostumbrada a la convivencia quieta y pacífica y destruyendo su atractivo principal como destino de naturaleza, espiritualidad y descanso. Cambiaria para siempre la vocación de su territorio, porque tal como lo afirma el pintor Antonio Pérez, actual testigo de la evolución del municipio, “el futuro de villa de Leyva es su pasado”.

Historia, cultura, naturaleza y arqueología confluyen en Villa de Leyva, esta pequeña población boyacense cercana a Tunja y a 3 horas de Bogotá, que es sin duda uno de los lugares más hermosos por conocer en nuestro país y que parece detenida en el tiempo.

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El Observatorio Astronómico Muisca El Infiernito, ubicado en la verede de Monquira, a 4 kilómetros del centro de Villa de Leyva. Es considerado, para muchos, el centro ceremonial de la familia Muisca con el cosmos y los astros.

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El Museo Paleontológico de Villa de Leyva, que exhibe restos fósiles variedad de amonitas, bivalvos y gasteópodos, entre otros, es sitio de conservación y divulgación del patrimonio paleontológico de Colombia.

El Santuario de Flora y Fauna de Iguaque

El Santuario de Flora y Fauna de Iguaque está situada en jurisdicción del municipio de Chíquiza, en inmediaciones de Villa de Leyva. Allí, de acuerdo con la leyenda Muisca, la diosa Bachué salió de la laguna con un niño en sus brazos, convirtiéndose en los ancestros de toda la raza humana.

La Plaza Mayor de Villa de Leyva

La Plaza Mayor de Villa de Leyva es sin duda el mayor atractivo del municipio y con sus 1.400 metros cuadrados, la plaza más grande del país. Construida de manera colonial, sus fachadas blancas, la pila central y sus pisos totalmente en piedra, transportan a sus caminantes a la época de La Conquista.

Festival del Viento y Las Cometas de Villa de Leyva

Desde 1975, el tradicional Festival del Viento y Las Cometas de Villa de Leyva se realiza en el mes de agosto de cada año. Su Plaza Mayor y otros espacios abiertos se llenan de cometas de diferentes colores y estilos para disfrutar los vientos que caracterizan el clima de esta región.

mirador turístico

Ningún visitante debería pasar por Villa Leyva, sin visitar su mirador turístico, desde donde se observa el panorama completo de las calles, plazas y arquitectura colonial. Está localizado en lo alto de la ladera y enmarcado en un altar de la virgen.

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La Casa Terracota (obra en arcilla o barro del arquitecto Octavio Mendoza) es considerada la cerámica más grande del mundo y se encuentra a las afuera de Villa de Leyva. Es una casa habitable de 500 metros cuadrados en la que se utilizaron 400 toneladas de barro, siendo cocinada por zonas con un horno que el mismo arquitecto diseño para sellarla, como si fuera un jarrón de barro.

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